Un vínculo eterno
El amor y la música atesoran –desde el inicio de los tiempos– un vínculo hermoso, incondicional.
Han formado una unión que trasciende culturas, épocas y fronteras.
Fuerteventura
La capacidad de la música para evocar profundas emociones la ha convertido en un lenguaje universal revelando lo que las palabras –por si solas– no alcanzan a expresar.
Al enamorarnos la música nos envuelve en un torbellino de emociones.
Cada tema, cada melodía nos interpela directamente, cada letra refleja nuestros más íntimos sentimientos.
Las canciones de amor han sido protagonistas en la historia de la música.
Beethoven, –dedicando su Claro de Luna a una mujer amada– convirtió sus sentimientos en una armonía eterna sin necesidad de una sola palabra.
La música también es un refugio, para el amor, para del desamor y para nosotros mismos.
¿Que mejor testigo de una historia de amor que la música?
Su música, porque se convierte en testigo eterno de su historia de amor señalando con una marca indeleble multitud de momentos inolvidables.
Barranco de los enamorados - Fuerteventura
El primer baile, ese beso iniciático o aquel atardecer cuando todo comenzó al son de aquella melodía que nunca olvidarás.
¿Que mejor testigo de un desamor?
Nuestra tristeza –en esos momentos– será consolada por alguna nostálgica melodía que nos recordará que no estamos solos en nuestro dolor.
Cada historia de amor dispone de su particular banda sonora capaz de mantener unidas a dos personas sin necesidad de palabras.
En el amor, como en la música, existen diferentes ritmos: la dulzura de una balada, la pasión de un tango, la energía de una canción pop o la melancolía de un blues.
Cada relación, –cada historia de amor– tiene su propia melodía, su propio compás, y, al final, es la armonía entre dos almas lo que crea la sinfonía perfecta.
La música y el amor son inseparables porque ambos son expresión de la más pura de las emociones.