Desazón

Un lazo invisible que une almas,–el destino, el amor– nada puede separar a aquellos destinados a encontrarse.

Donde quedaría el libre albedrío si esto fuese así.

El destino –casi siempre– no es más que un ramillete de opciones y somos nosotros los que tenemos el poder de decisión, es por eso que ese “lazo invisible” –el amor– sólo se hace visible después de una dura batalla.

Y como en toda batalla siempre queda una opción cuando el destino no es suficiente argumento, la rendición.

Es una decisión difícil pero amar no siempre garantiza reciprocidad, estabilidad o felicidad.

Hay momentos en que la lucha es un manantial de inmenso dolor, además de una contienda solitaria.

Y soltar evidencia que a veces –demasiadas–amar ya no es suficiente.

Rendirse en el amor ayuda a reformular toda tu vida abriendo espacio a un nuevo ramillete de opciones, un nuevo destino.

La decisión no es fácil pero aceptar que todo tiene un final es un acto realmente valiente.

El verdadero amor no debe ser algo forzado y el miedo no puede ser una de sus condiciones.

Si no hay respuesta la rendición se convierte en un paso imprescindible para encontrar lo que realmente mereces o te merece.

A menudo en ese momento único parecen llegar personas únicas, llamas gemelas quizás que revolucionan tu mundo, transforman tu perspectiva pero no tienen intención de ir más allá o si pero no aciertan a saber dar los pasos necesarios o también las atenazan sus propios miedos.

El destino no es algo fijo, inmutable, lo construimos con nuestras decisiones, nuestros sueños, nuestros anhelos y nuestra búsqueda de la felicidad.

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