A medias
Una promesa rota mucho antes de ser pronunciada, querer a medias, un amor con reservas, es un engaño bajo el disfraz del afecto.
Tienes a tu alcance la presencia pero no el compromiso.
Querer a medias es no entregarse, mantener una prudente distancia que te permita la conexión sin quedar atrapado.
Un burdo engaño.
Si esto te ocurre estando realmente enamorado resulta en una dolorosa contradicción.
Es contener a tu corazón –rebosante de amor– por miedo, dudas o cicatrices del pasado.
Es esperar sin esperanza.
Hay quienes solamente saben amar de esta manera, con miedo a profundizar, a perder el control o a mostrarse como realmente somos todos, vulnerables.
Es un amor profundamente egoísta, pues retiene sin entregar, pretende tener sin pertenecer.
El genuino amor ha de ser completo, no puede ser conveniencia ni costumbre, sino entrega sincera.
Quien ha sufrido, quien ha sido traicionado es presa fácil del amor a medias.
Se ama con el alma pero nuestra mente acecha para frenarnos con una inquisitoria difícil de ignorar.
¿Será la persona correcta?
¿Estoy listo para esto?
¿Y si luego me arrepiento?
Así nos boicotea muestra mente y en esta búsqueda de imposibles certidumbres encontramos atrapado –en un limbo de indecisión– al amor.
Y no es ausencia de amor, mas bien exceso de precaución.
Amar así, no es amar, es vivir en un constante vacío, en una zozobra de sentimientos que desequilibran nuestro ser.
El verdadero amor no sobrevive en mitades, ni a estrategias de contención de nuestros deseos.
El amor auténtico necesita valentía, confianza y entrega total.
Si no consigues esta conjunción no será más que una llama que arde, si, pero que nunca calienta lo suficiente.
P.D.: Arriésgate, porque todo lo bonito comienza preso del temor, no seas un viaje sin vuelta.