Amar en la distancia

Esta mañana en un breve intercambio de opiniones –apenas tres o cuatro frases– saltó al aire una curiosa pregunta, y digo curiosa porque nunca he encontrado a nadie que haya dado un no por respuesta pero aún así la pregunta sigue en el aire.

¿Puede una persona ser fiel a su pareja en la distancia?

Todos los presentes corrieron a dar su rotunda opinión, un –contundente– si.

Una de las más importantes pruebas a que se pueden someter nuestros sentimientos es precisamente esta, es una situación que desafía nuestra paciencia y pone en evidencia nuestra confianza.

Esencialmente es una amor alimentado con esperanza, recuerdos compartidos y la promesa del reencuentro.

Es una relación construida con la dificultad que imprime la distancia pero que se asienta en la conexión emocional, en las palabras que viajan a través de mensajes, de llamadas, que se construye sobre silencios llenos de significados y con esa espera, –ese contacto discontinuo– que lejos de apagar la pasión parece encenderla aun más.

La lejanía nos llevará a una vorágine de sentimientos, por una parte la alegría cuando somos conscientes de que alguien nos ama, la saudade –añoranza– por esa ausencia a ratos, que en nuestra percepción se vuelven inmensos.

La desazón por ese tiempo que parece volverse espeso, lento, al no ser compartido con la persona a la que amas.

Las despedidas pueden ser desgarradoras pero hemos de poner el énfasis en los reencuentros, esos que seguramente nos encienden el alma,… y el cuerpo.

La distancia te enseña –y mucho– a valorar esos momentos que pasamos juntos, a apreciar lo que otras parejas ni se plantean, a vivir con más intensidad cada momento.

Hay una magia en esa manera de construir cada mensaje para que suene especial, en ese momento en el que una llamada se convierte en tu refugio, en tu lugar íntimo, incluso si te pilla en medio de la calle.

Cada pequeño gesto pasa a convertirse en un acto fundamental de afirmación de la relación.

Como podemos observar, la comunicación se convierte en la imprescindible pasarela que une los corazones y que ha de conseguir que los abrazos sean sustituidos por las palabras.

Amar en la distancia te enseña a sentir a tu pareja sin necesidad de tocarla.

Es una prueba de fortaleza emocional y no es fácil, la confianza ha de constituirse en un pilar fundamental en la relación, pero si ese amor es verdadero, cada kilómetro de separación lo verás, no como la distancia que te separa, sino como esa distancia que te une, que te lleva a un nuevo encuentro, en donde el amor se siente más intenso, más real.

En cuanto a la fidelidad hemos de recordar que nunca es una cuestión de obligación, la fidelidad es una elección consciente basada en el amor y en el respeto.

Cuando basamos una relación en sentimientos genuinos, la distancia se convierte en un reto superable y nunca en una barrera insalvable.

¿Alguien en su sano juicio puede pensar que algo tan terrenal como la geografía puede vencer al verdadero amor?

Amor, compromiso y confianza siempre saldrán vencedores ante la distancia.

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