Islas de luz

Islas de luz, tan pequeñas y grandes a la vez…. Para los que vienen de fuera son fiesta, son diversión y sinónimo de vacaciones, tiempo libre y ocio….y eso es fantástico, ser imagen y estar en el pensamiento de tantas personas como lugar de ensueño y sueños, como no va a ser agradable.

Somos ocho Islas, cada una con sus peculiaridades, tan iguales y tan distintas… unas verdes y frondosas otras áridas y yermas… con realidades distintas.

No todos ven sus entresijos, no todos admiran esa luz que las hace peculiares, no todos pasan por sus pueblos llenos de adoquines, de ventanas bajas con asientos donde se ve pasar la vida, se ve crecer a los niños que se convierten en los cuidadores de esos olores, olor a puchero, a truchas, olor a hogar…

Esos vecinos que se cuentan las romerías, las verbenas, las bajas y subidas de las patronas, los turrones que compraron en los puestos de las turroneras, las almendras garrapiñadas o nubes de colores, esas pellas de gofio que da igual de que Isla sean, o si unas llevan almendras o galletas, lo que nos conquista es su esencia.

El gofio, sinónimo de crecimiento, de niñez, de biberones, de escaldón o de zurrón.

Todas estas palabras nos resuenan a casa, a raíz, añoranza de tiempos pasados, un tesoro que quisieres custodiar para que hereden las generaciones venideras.

Somos todo eso y más… somos sal y sol, pero sobre todo una cultura acostumbrada a lidiar con más culturas, con un talante de conciliación y de cohesión como pocas en el mundo.

Ese carácter afable que engendramos y llevamos por bandera, porque sí, allí donde vamos al decir soy Canario/a nos regalan una sonrisa, como queriendo decir “que alegría… “ y nos abren sus puertas con confianza.

Para muchos otros somos lejanía, somos demasiada agua, poca cultura a la que recurrir, como puede ser ver un espectáculo, una obra de teatro, una exposición artística y es que si, seamos sinceros, nos privamos de muchas cosas para tener todo lo que tenemos, para otros inasumible, para nosotros no es esfuerzo, valoramos el hecho de salir fuera ver mundo, y volver a casa, volver al Paraíso, al aislamiento necesario y elegido.

Anterior
Anterior

Un paraíso en tu jardín

Siguiente
Siguiente

Aquella noche en la playa