Predilecto
El “favorito” –ese que existe en casi todas las familia– es una figura que despierta una amplia variedad de emociones intensas, tanto en quien ocupa ese lugar como en quienes lo observan desde afuera.
Muchas veces, este favoritismo no es elegido, sino impuesto por los padres o familiares, lo que puede crear una carga emocional difícil de sobrellevar.
Desde la perspectiva de los hermanos o primos que no ocupan ese lugar privilegiado, el favoritismo puede generar sentimientos de frustración, tristeza e incluso resentimiento.
La sensación de que el amor se distribuye de una manera desigual puede afectar a la autoestima y al desarrollo de las relaciones en la familia.
Cuando no te encuentras en el pedestal del favorito te preguntas muchas veces ¿acaso no soy suficiente?, creando inseguridades que pueden arrastrarse durante muchos años.
Normalmente este tipo de actitudes por parte de los padres suele ser inconsciente pero puede provocar serios problemas en las relaciones.
El distanciamiento, el rechazo ocasional son consecuencia directa de la situación.
En algunos casos, –pocos– el favorito también sufre porque siente la envidia o el rechazo de sus hermanos, lo que lo deja en una posición incómoda.
Evitarlo es sencillo y difícil al mismo tiempo, se necesita comunicación abierta y sobretodo reconocer el valor personal de cada miembro de la familia.
Cada niño es único y se merece amor, apoyo y reconocimiento por sus propias cualidades.
P.D.: Desgraciadamente, casi siempre hay un favorito.