My Valentine

14 de febrero, una fecha controvertida, que hoy en día se asocia principalmente con el amor romántico.

El Día de San Valentín comenzó a popularizarse en la Edad Media, especialmente en Francia e Inglaterra, donde se creía que el 14 de febrero marcaba el inicio de la temporada de apareamiento de los pájaros.

Esta creencia reforzó la idea de que era una fecha propicia para el romance.

Hoy en día es una ocasión para celebrar el amor, ese amor que puede expresarse de muy diferentes formas.

También es el momento escogido –uno más– para la crítica a los comerciantes por la mercantilización de esta celebración.

Más allá de los regalos, su verdadero significado no es otro que recordarnos la importancia del amor y las relaciones.

Quienes se muestran contrarios a esta celebración suelen argumentar que hay que demostrar el amor todos los días, y es cierto –muy cierto– pero no todos los días podemos estar conmemorándolo con regalos.

Lo esencial es que, más allá del 14 de febrero, el amor se celebre todos los días del año.

Todos –por mucho que lo critiquemos– estamos encantados si recibimos en ese día un regalo, un mensaje de cariño, un te quiero o un simple abrazo totalmente gratis.

Todos celebramos –de una u otra manera– este día como muchos otros.

Es realmente maravilloso saber que ese día –o cualquier otro– hay alguien que celebra haberte conocido y compartir tu vida, alguien con quien irías –de la mano– hasta el fin de mundo.

Alguien que te da los buenos días, que a media mañana te extraña y cuando ya el día toca a su fin te desea buenas noches y eso, un día tras otro sin desfallecer.

Si ese comportamiento es recíproco y cotidiano podremos dar gracias por nuestra vida.

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