Frustración
Cuando proyectamos nuestra frustración –en lugar de asumir la responsabilidad– lo hacemos como un mecanismo de defensa.
El impacto de nuestras frustraciones entre los que nos rodean deja malheridas nuestras relaciones.
Afectamos sin saberlo a la autoestima de quien nos ama y descargamos en ellos nuestras más feroces críticas provocando incluso que lleguen a asumir problemas y situaciones que no les corresponden.
Esta situación puede generar un desgaste emocional significativo.
Sentirse responsable de la frustración de otros, mantener esa relación de tensión constante o tratar de complacer a alguien solamente para evitar un posible conflicto puede hacernos desembocar en el agotamiento emocional y el estrés.
Inteligencia emocional, esta es la clave para manejar este tipo de situaciones.
Debes entender que la frustración que los demás proyectan en ti no tiene absolutamente nada que ver contigo, no eres responsable de solucionarlo.
Es realmente difícil pero no debemos tomarnos como algo personal la actitudes negativas que arrojen sobre nosotros.
Está muy de moda hoy en día lo de “poner límites”, pero quizá nada más importante en esta situación, cuando alguien constantemente proyecta sobrare ti sus frustraciones, sus miserias.
No podemos caer en el juego, en este juego tan deprimente y a veces hasta pueril.
Fomentar la empatía y dar apoyo es lo más importante –y casi lo único- que podemos ofrecer en estos casos, siempre marcando la línea divisoria de la responsabilidad.
La carga emocional de cada uno de nosotros es de nuestra única responsabilidad e intentar derivarla es una clara manifestación de egoísmo.
Intentar equilibrar, mediar y evitar el conflicto a costa de nuestra propia paz mental no es un buen negocio.
Nuestra paz mental, –nuestro sosiego– es algo sumamente valioso en nuestra vida y no debe ser puesto en juego.