Los crepúsculos
Asociamos el crepúsculo al atardecer, a la llegada de la noche, a momentos de angustia porque lo asimilamos a algo que se acaba.
Crepúsculo 01-01-24
Una relación crepuscular, el crepúsculo de una vida, son esas expresiones que –inconscientemente– relacionamos con el final, con la desaparición de algo bajo el manto de una oscura noche.
Al igual que el crepúsculo sucede a la puesta de sol y es uno de esos momentos mágicos de cada día, también el crepúsculo precede a la salida de ese mismo sol que vuelve a nosotros en su infinito paseo por los cielos.
Podemos invertir así la significación emocional de la palabra, que ahora se convierte en esperanza de un nuevo día, de un nuevo comienzo.
El crepúsculo nocturno suaviza al colorido atardecer y lo difumina, tornando los vigorosos colores rojizos en suaves tonalidades a medida que va desapareciendo la luz diurna y van ganando terreno las sombras.
De manera inversa el crepúsculo de nuestro amanecer se torna en un instante de quietud y belleza con el cielo tiñéndose de suaves tonalidades, abandonando el profundo negro azabache y dando paso a una increíble paleta de azules, naranjas, rosas y dorados.
Crepúsculo 01-01-24
Esta vez será la luz –será el sol, la esperanza– la que gane la batalla y lo que sentíamos como final se tornará principio con un simple chasquido de nuestros dedos.
Nuestra vida es una larga sucesión de crepúsculos, con momentos que nos abocan a la desesperanza e instantes de optimistas expectativas.
Un vaivén de sentimientos y emociones que hemos de saber apreciar en su justa medida pues todas ellas –las sombrías y las radiantes– formarán parte de nuestro tránsito vital.
Nadie escapa a esta dicotomía, nadie puede vencer a esta dualidad que se nos presentará cada uno de nuestros días.
Esperanza o desesperanza, anochecer o amanecer, irremediablemente nos encontraremos siempre entre ambas.
¿Que crepúsculo te define?