Soledad digital
Transitamos una sociedad triste, aislada, refractaria al compromiso.
Recorremos caminos de soledades digitales, reunidos en nuestros salones en línea con mil, dos mil o tres mil “amigos” que no pasarían el más mínimo filtro para ser considerados siquiera conocidos.
El constante contacto en redes deriva en una falsa sensación de comunicación pues a menudo carecen de la profundidad y la calidez del contacto humano.
Invertimos horas “conectados” al éter y dejando de lado nuestras relaciones personales, es más sencillo soltar tres sentencias en un chat sin interacción alguna que mantener una charla con alguno de tus tres o cuatro amigos de verdad, de esos que pueden cuestionar tus ideas y obligarte a confrontarte.
Cada día es más inusual el contacto en la realidad, en la calle.
Es curioso observar como –sobre todo en poblaciones pequeñas– estamos en contacto con personas a las que medía hora más tarde nos cruzaremos en la calle y ni siquiera le dirigiremos la palabra.
¿Porqué ocurre esto? ¿Miedo, vergüenza, indiferencia?
Posiblemente una mezcla de todas estas cuestiones, miedo a la realidad, vergüenza ante un “amigo” virtual que curiosamente es un desconocido real e indiferencia ante personas que en muchas ocasiones no nos importan lo más mínimo.
En algunos casos se resienten hasta las verdaderas amistades que de lo real se mudan al mundo digital, mucho mas laxo y menos exigente.
El universo digital no es algo malvado en si mismo, es el uso pernicioso que hacemos de él lo que lo pervierte.
Hemos sustituido la calidez de una voz, la riqueza de sus matices por una fría sucesión de pulsos de teclado salpicado de ineficaces emojis para intentar objetivar nuestras emociones, esas que solamente pueden ser advertidas cuando nuestro interlocutor puede escucharnos, cuando puede interpretar un silencio, un suspiro, la tonalidad de nuestros sentimientos.
La soledad digital es una forma perniciosa de soledad pues se disfraza entre una multitud de “amigos” que nunca querrán entrar en contacto con nosotros.
Realmente curioso este mundo “conectado”.