Descálzate
La delicadeza, la armonía de sus formas y ese sutil magnetismo que ejercen sobre la mirada y el tacto definen la sensualidad de un pie femenino.
Son un reflejo de la gracia y el cuidado, con esa suave y aterciopelada piel que invita a ser acariciada, son una extensión misma de la feminidad.
Ese arco elegante, cual precisa curva dibujada en un lienzo, augura movimiento y flexibilidad, de delicados pasos ligeros como el vuelo de una pluma o absolutamente firmes y seguros sobre el empedrado del camino.
Proporcionados y escuetos –los dedos– evocan la sabiduría y perfección de la naturaleza.
Un delicado esmalte o un sugerente rosáceo natural revelándonos pureza e inocencia.
Deslizándose descalza sobre la fría superficie del suelo el contraste con la calidez de su piel despierta un sutil estremecimiento, un vaivén de sensaciones que no pasan desapercibidos a quien observa con atención.
Adornados quizá con una breve pulsera –sutil– los tobillos –finos– resaltan la fragilidad y al mismo tiempo la fuerza, combinadas en una dicotomía irresistible, imposible.
Entre todos los lenguajes existentes, es el de los pies una manifestación única.
Pueden sugerir deseo al moverse con ligereza bajo una mesa, abandono cuando descansan relajados sobre una cama o con un roce casual que es casi un susurro sobre tu piel resulta en una atractiva provocación.
En la danza, en el caminar pausado o en la inmovilidad calculada, los pies de una mujer se expresan sin palabras.
Son un símbolo de delicada sensualidad implícita, un detalle que hipnotiza, que invita a imaginar el tacto, la calidez, el aroma.
En su sencillez, en su presencia discreta, reside un poder sutil, una insinuación que enciende la imaginación y despierta los sentidos.
Una suave caricia, un breve masaje o el roce de su piel nos transporta a seductoras conexiones del alma.
El lugar de mis sueños
Acompáñame en mis sueños, no me dejes soñar en soledad –esos sueños– en donde el baile de luces y sombras del universo pierde el sentido.
En donde cada corazón, –cada latido– sea trascendental, acogedor, imprescindible.
Acompáñame en mis sueños, donde un susurro compartido se convierte en la antesala del paraíso y donde el tiempo no es más que un mal augurio, nunca una realidad.
Acompáñame en mis sueños, donde nunca consigue asomar la rutina.
Los sueños –nuestros sueños– si son compartidos, se transformarán en una nueva realidad, un nuevo destino, una nueva aventura.
Acompáñame en mis sueños, esos que –bajo el manto de la realidad– se convierten en verdad, en momentos únicos y compartidos.
La vida es sueño y los sueños se convierten en realidad si conseguimos sincronizar nuestros corazones, si conseguimos que cada pensamiento sea posible, si conseguimos que la magia del amor nos alcance.
Soñemos una realidad, tejamos una vida, compartamos un sentimiento.
Si te vas,…
La magia de un extremeño excepcional
Poesía, belleza y romanticismo
La poesía, la belleza y el romanticismo son vitales, son esa chispa que nos despierta a una vida plena, lo demás es solo rutina y resignación.
La poesía es una de las formas más puras de expresión del alma.
Los poetas capturan emociones profundas, imágenes sublimes y pensamientos que nos conectan con nuestra propia humanidad.
A través de la poesía conseguimos ver el mundo con otros ojos, encontramos la belleza en lo cotidiano y nos cuestionamos sobre nuestra existencia más allá de la lógica y la razón.
Sin ella, nuestra vida se vuelve pura monotonía y carecería de significado, pues nos perderíamos la capacidad de soñar y de dar sentido a lo intangible.
La belleza, es otro elemento esencial para el bienestar del ser humano.
No se trata solo de lo estético, sino de la capacidad de admirar y valorar lo que nos rodea.
Encontramos la belleza en el arte, en la naturaleza, en la música y en los gestos más simples de nuestra vida diaria.
Es un recordatorio de que hay algo más allá de la rutina, algo que nos llena de asombro y nos eleva espiritualmente.
Cuando nos privamos de la belleza, caemos en la monotonía y dejamos de apreciar la riqueza del mundo.
El romanticismo, nos impulsa a sentir con intensidad, a valorar lo subjetivo, lo emocional y lo trascendental.
Nos invita a amar apasionadamente, a soñar sin límites y a vivir experiencias que nos hagan vibrar.
Sin romanticismo, la vida se reduce a un esquema predecible y sin emoción, donde todo se vuelve una mera sucesión de días sin sentido.
Cuando la poesía, la belleza y el romanticismo están ausentes, la vida se convierte en una rutina árida, marcada por la resignación.
Nos convertimos en autómatas que cumplen con sus responsabilidades sin detenerse a disfrutar, a sentir o a crear.
Por ello, es vital alimentar esa chispa que nos despierta a una vida plena, una vida que no solo se vive, sino que se siente en toda su intensidad.
Un vínculo eterno
El amor y la música atesoran –desde el inicio de los tiempos– un vínculo hermoso, incondicional.
Han formado una unión que trasciende culturas, épocas y fronteras.
Fuerteventura
La capacidad de la música para evocar profundas emociones la ha convertido en un lenguaje universal revelando lo que las palabras –por si solas– no alcanzan a expresar.
Al enamorarnos la música nos envuelve en un torbellino de emociones.
Cada tema, cada melodía nos interpela directamente, cada letra refleja nuestros más íntimos sentimientos.
Las canciones de amor han sido protagonistas en la historia de la música.
Beethoven, –dedicando su Claro de Luna a una mujer amada– convirtió sus sentimientos en una armonía eterna sin necesidad de una sola palabra.
La música también es un refugio, para el amor, para del desamor y para nosotros mismos.
¿Que mejor testigo de una historia de amor que la música?
Su música, porque se convierte en testigo eterno de su historia de amor señalando con una marca indeleble multitud de momentos inolvidables.
Barranco de los enamorados - Fuerteventura
El primer baile, ese beso iniciático o aquel atardecer cuando todo comenzó al son de aquella melodía que nunca olvidarás.
¿Que mejor testigo de un desamor?
Nuestra tristeza –en esos momentos– será consolada por alguna nostálgica melodía que nos recordará que no estamos solos en nuestro dolor.
Cada historia de amor dispone de su particular banda sonora capaz de mantener unidas a dos personas sin necesidad de palabras.
En el amor, como en la música, existen diferentes ritmos: la dulzura de una balada, la pasión de un tango, la energía de una canción pop o la melancolía de un blues.
Cada relación, –cada historia de amor– tiene su propia melodía, su propio compás, y, al final, es la armonía entre dos almas lo que crea la sinfonía perfecta.
La música y el amor son inseparables porque ambos son expresión de la más pura de las emociones.
Una carta
¿Carta o email?
Nuestra vida se ha transformado vertiginosamente.
La lírica de comunicar nuestras sensaciones, los sentimientos contenidos en aquel fino papel, dejaron paso a la frialdad de un teclado de plástico.
Quien nunca ha escrito una carta de verdad que recorrerá medio mundo antes de llegar a su destino no puede entender lo que es la paciencia.
Aquellas palabras que describían penas, alegrías o simplemente reafirmaban un amor en la distancia, pasaban de mano en mano, cruzaban fronteras para –por fin– llegar a manos de alguien que anhelaba aquel momento una vez al mes.
Leíamos y releíamos aquel pedazo de papel hasta casi aprender de memoria unas palabras –siempre escasas– cargadas de emoción y cariño.
El fino hilo que unía a las personas se servía de esta “tecnología” para mantenerse firme.
Era un forma de comunicación lenta –es verdad– algunas veces incluso nunca llegaba a destino aquel sobre repleto de sentimientos, y su llegada se vivía como un gran acontecimiento.
Las cartas siempre eran sinceras.
Conseguir el papel, los sobres, sellarla, ir a correos, constituía toda una liturgia que infundía a aquel papel un halo de misterio enigmático.
Escribirla era todo un reto, intentar condensar todas tus vivencias de semanas o meses en un par de hojas de papel, intentar que tus sentimientos viajasen dentro de aquel sobre no era tarea fácil.
Recibirla, abrirla con cuidado para no romperla y acto seguido disfrutarla una y otra vez era muy parecido a escuchar nuestra canción favorita en un bucle infinito.
Si queremos recuperar esas emociones es sencillo, basta con buscar un papel, un bolígrafo y dar rienda suelta a nuestras emociones, a nuestros sentimientos, a nuestras vivencias.
Nunca podrás hacerlo via email.
Infancia
Al volver la vista atrás nunca conseguimos ir más allá de nuestra infancia.
Venimos de algún lugar que no podemos recordar y transitamos nuestra vida hacia un lugar que no conocemos.
Nunca sabremos si el primer sollozo de un bebé es un saludo a esta vida o una triste despedida de su vida anterior.
En esta tesitura la infancia se revela determinante para nuestra vida posterior.
No conocemos nada de este nuevo cosmos y nos asombramos por todo.
Descubrimos todo un mundo con solo levantar una piedra en el campo y observar como bajo esa montaña se desarrolla toda una vida de hormigas, gusanos o arañas.
Imaginamos aventuras imposibles suponiéndonos seres diminutos que podrían vivir también bajo aquella piedra-montaña luchando contra hormigas gigantes.
De camino hacia la madurez nos alejamos de la curiosidad, la imaginación o la capacidad de asombrarnos al observar la maravilla de lo que nos rodea.
Si casualmente eres el mayor de tus hermanos hay algo que se desarrolla a velocidad de vértigo, el sentido de la responsabilidad.
También nos alejamos de la imaginación sin barreras, y si –por casualidad– has conseguido cultivarla y mantenerla te mirarán con incredulidad e incomprensión hasta tus propios amigos.
Dejar de soñar en grande es uno de los costos más altos de hacerse mayor.
Durante nuestra infancia todos hemos sido médicos, abogados o astronautas.
Todos hemos viajado la ruta de la seda con las mil y una noches entre nuestros dedos o nos hemos sumergido en el océano persiguiendo inmensos pulpos malvados.
Hemos visto nevar, aún viviendo en el ecuador y hemos pasado veranos enteros en el caribe sin salir de nuestra habitación.
La infancia no volverá –es verdad– pero siempre tenemos la oportunidad de volver allí por unos momentos o unos días.
Siempre podemos hacer eso que de mayores llamamos “locuras” y que no son otra cosa que vivir la vida intensamente, exactamente como la viven los niños.
P.D.: Es fantástico vivir locamente.
My Valentine
14 de febrero, una fecha controvertida, que hoy en día se asocia principalmente con el amor romántico.
El Día de San Valentín comenzó a popularizarse en la Edad Media, especialmente en Francia e Inglaterra, donde se creía que el 14 de febrero marcaba el inicio de la temporada de apareamiento de los pájaros.
Esta creencia reforzó la idea de que era una fecha propicia para el romance.
Hoy en día es una ocasión para celebrar el amor, ese amor que puede expresarse de muy diferentes formas.
También es el momento escogido –uno más– para la crítica a los comerciantes por la mercantilización de esta celebración.
Más allá de los regalos, su verdadero significado no es otro que recordarnos la importancia del amor y las relaciones.
Quienes se muestran contrarios a esta celebración suelen argumentar que hay que demostrar el amor todos los días, y es cierto –muy cierto– pero no todos los días podemos estar conmemorándolo con regalos.
Lo esencial es que, más allá del 14 de febrero, el amor se celebre todos los días del año.
Todos –por mucho que lo critiquemos– estamos encantados si recibimos en ese día un regalo, un mensaje de cariño, un te quiero o un simple abrazo totalmente gratis.
Todos celebramos –de una u otra manera– este día como muchos otros.
Es realmente maravilloso saber que ese día –o cualquier otro– hay alguien que celebra haberte conocido y compartir tu vida, alguien con quien irías –de la mano– hasta el fin de mundo.
Alguien que te da los buenos días, que a media mañana te extraña y cuando ya el día toca a su fin te desea buenas noches y eso, un día tras otro sin desfallecer.
Si ese comportamiento es recíproco y cotidiano podremos dar gracias por nuestra vida.
El primer momento
Todo comienza con una mirada, un saludo atropellado por los nervios.
Si en ese momento tu corazón se sobresalta estás en aprietos.
Es difícil luchar contra el destino para quien no cree en las casualidades.
Ese momento inicial de dos segundos en el que se cruzan dos miradas y estrechas una mano puede determinar definitivamente tu vida.
En ese instante no tienes nada, eres y estás solamente tú, nada sabes de ella y ella nada sabe de ti.
Ahí —sin condicionantes— puede estar esa oportunidad que siempre has esperado.
Esa oportunidad en la que parece que tu vida –como si de un gran trasatlántico se tratase– se prepara para comenzar un giro que lo salve de acabar en las rocas de la costa.
Ese instante en el que —de repente— pareces estar atrapado por las arenas movedizas de las emociones y los sentimientos.
Nunca escogemos los primeros momentos, estos surgen, sin más, y nunca sabemos hasta donde llegarán las consecuencias de esa mirada inicial.
Después sigue la vida, a veces resplandece y lo que fueron dos segundos fugaces se convierten en una relación infinita.
Otras, la vida sigue, sin tantas luces, sin tanta esperanza, rutinariamente al perder la que habías creído o hubieras deseado que fuera esa oportunidad que necesitabas.
De todas formas siempre se sigue adelante porque siempre hay un resquicio de esperanza que nos susurra al oido que a la vuelta de la esquina puede surgir otra mirada, otro momento.
Una vida de éxito
La noche se había adormecido casi sin querer, sin incómodas brisas, –calma absoluta– y a la tenue luz de la luna repasaba su vida.
Una vida de éxito a decir de muchos, envidiable en boca de otros.
El diría que era una vida normal, coloquialmente, del montón.
En sus años de juventud perseguía –al igual que la mayoría– el éxito profesional, en ese momento sus prioridades eran la estabilidad económica, el liderazgo profesional, emprender un negocio exitoso… cada día su primer pensamiento al despertar se llenaba de cifras, de cálculos, de ganancias,…
Después fueron llegando las piedras en el camino, las crisis, los errores en algunas decisiones y aquello que siempre le había parecido el éxito dejó paso a un desmoronamiento emocional que le hizo replantearse todo aquello en lo que siempre había creído.
Una vez desposeído del pedestal del triunfador comprendió que todo por lo que siempre había luchado, aquello que siempre había perseguido no se correspondía absolutamente para nada con la palabra éxito.
Fue en ese instante, en ese momento, en lo más profundo del pozo que se había procurado él mismo, cuando comprendió que su vida debería dar un vuelco.
Y conoció otros mundos, otro universo en el que lo material pasaba de ser esencial a ser solamente necesario, en el que la autoestima, la paz interior y el equilibrio emocional eran ahora la esencia de su vida.
Se encaminaba hacia el verdadero éxito que radica en la felicidad y la tranquilidad más que en los logros externos.
La luna se encontraba ya alta en el firmamento y se moría de ganas de compartir aquel momento con alguien especial, alguien que a su vez quisiera compartir su paz.
Alguien que apoyando su cabeza en su hombro pudiese apreciar la belleza de aquel cielo levemente iluminado en cuarto menguante.
Alguien que ocupase su último pensamiento cada noche y el primero al llegar el alba.
Ese sería su definitivo, único y verdadero éxito.
Como saberlo
¿Como saber si amas a alguien?
Fácil pregunta con difícil respuesta pero hay por ahí diversas explicaciones para consumo de internautas atrevidos.
Hay algunas señales o eso dicen los expertos.
Dicen que la primera es que te importe su bienestar, quieres que sea feliz e incluso harías algún sacrificio por esa persona.
No necesitas fingir lo que no eres ni impresionar, simplemente puedes ser tu mismo.
Su felicidad te afecta y cuando sufre a ti también suele dolerte.
Imaginas un futuro con esa persona, haces planes.
Se siente una conexión profunda que va más allá del deseo, más allá de lo meramente físico.
Su presencia en tu vida te impulsa a perseguir tus sueños.
Se convierte en tu persona perfectamente imperfecta y la eliges cada día.
Confías, no hay dudas, hay seguridad y respeto.
Hasta aquí lo que todos sabemos.
Pero hay algo más…
Realmente sabes que la quieres cuando al despertar se convierte en tu primer pensamiento del día.
Ladeas tu cabeza para confirmar que sí, que sigue allí a tu lado.
La miras y en tu interior una voz te susurra “la quieres más que a nada en este mundo”.
Esos segundos al despertar y esa sucesión de emociones son las que realmente nos sitúan frente a nosotros mismos y nos dejan claro lo que es amar.
Después –en tu día a día– la presumes pues sabes que es lo más preciado en tu vida, solamente tienes ojos para ella.
Sus travesuras, sus meteduras de pata y el brillo de sus ojos son algo maravilloso que disfrutas con cada momento a su lado.
Siempre que surge la ocasión le recuerdas que la quieres, da igual si se lo has dicho hace cinco minutos o cinco horas.
Y cada día al irte a dormir esperas que la vida te regale un día más a su lado.
Eso es amar.